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Conocida comúnmente en México como «Ojo de Canario», esta planta trepadora es adquisidora de diversos nombres; el científico: Thunbergia Alata, mi favorito: Ojo de Poeta. Originaria de África y floreciente en otoño, logra ser muy resistente a la adaptabilidad y en algunas zonas tropicales se considera como una planta invasora, debido a que alteran los ecosistemas.

Esta enredadera se remonta a las tradiciones indígenas mexicanas, ya que en un artículo de medicina tradicional mexicana, menciona que en el estado de Veracruz se usaba para evitar y curar una enfermedad a causa de las malas vibras, llamada «mal de aire».

A lo largo de mi vida esta planta ha sido mi inspiración y al fin he conseguido vincularla con algo relacionado al diseño. Mi primer encuentro con esta flor fue alrededor del año 2008, en donde solíamos visitar la casa de mi tía en fechas decembrinas cerca de Flor del Bosque, un parque estatal de Puebla con gran diversidad de flora y fauna. Y aunque existen variaciones de color de esta flor, el contraste de ese naranja radiante con el negro profundo e infinito del pistilo, me enamoraron al instante.

A partir de ese momento mi encuentro con el ojo de poeta fue más periódico… y cercano.

Recuerdo mis prácticas universitarias en donde mi trabajo consistía en tomar fotografías de los alimentos que se preparaban para un libro de cocina sobre flores comestibles mexicanas; el chef Guillermo Horacio González reunía y creaba deliciosos platillos con su flor.

Aún no sé cómo conseguir semillas de esta planta, lo que sí sé es que me inspira y lo seguirá haciendo; ¡Qué mejor que compartir un poco mi trabajo y asignarle un significado especial!

Mi propósito en este espacio es inspirarte y cambiar tu perspectiva; así como ayudar con recursos accesibles y compartir frases, pensamientos y reflexiones.

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